Ataque de ansiedad: qué hacer en ese momento y cuándo ir a urgencias
Qué pasa en el cuerpo durante un ataque de ansiedad, qué puedes hacer en el momento para que baje y cuáles señales piden ir a urgencias en lugar de esperar.

Qué pasa en el cuerpo cuando te da un ataque de ansiedad
Llega sin aviso. Estás en el camión, en la fila del banco o viendo la tele, y de pronto el corazón se acelera, las manos sudan y sientes que te falta el aire. La cabeza empieza a buscar explicación: "me está dando un infarto", "me voy a desmayar aquí". El cuerpo ya se puso en modo de emergencia aunque no haya ningún peligro enfrente.
Eso es un ataque de ansiedad: una alarma que se dispara de más. El sistema nervioso suelta adrenalina como si trajeras un carro encima, y esa descarga produce todo lo que sientes. El corazón late fuerte para mandar sangre a las piernas, respiras rápido y superficial, y por eso te mareas y sientes hormigueo en las manos o alrededor de la boca. Nada de eso te está lastimando el corazón ni el cerebro.
Lo incómodo es que las sensaciones mismas dan miedo, y ese miedo sube la alarma otro poco. La crisis suele llegar a su punto más alto en unos minutos y empieza a bajar sola, aunque en ese momento sientas que va a durar horas.
Qué hacer en el momento, en concreto
Lo primero que suelo decir en consulta: no pelees con la crisis. Si te pones a repetirte "cálmate, cálmate", el cuerpo recibe más tensión y la alarma sigue. Reconoce lo que está pasando con una frase sencilla: "es ansiedad, ya me ha pasado, va a bajar". Eso le quita combustible.
Respira con la exhalación más larga que la inhalación. Inhala por la nariz contando hasta cuatro y exhala por la boca contando hasta seis o siete, sin forzar. Repite unas diez veces. Alargar la salida activa la parte del sistema nervioso que te tranquiliza. Si estás en un lugar cerrado, sal a un espacio abierto o acércate a una ventana.
Ancla la atención en algo de afuera. Pon los pies bien firmes en el piso y siente el apoyo, mira alrededor y nombra en voz baja cinco cosas que ves, o sostén un objeto frío, una llave, un vaso con agua, y descríbelo para tus adentros. Si hay alguien de confianza cerca, dile qué te está pasando y pídele que se quede contigo sin hablar mucho.
Quédate donde estás si puedes. Salir corriendo del lugar refuerza la idea de que ahí había peligro, y la próxima vez ese lugar te va a dar más miedo. Si la crisis te agarra en la calle, bájate del camión si lo necesitas, siéntate, espera. Una bolsa de papel en la boca ya no se recomienda: puede bajar el oxígeno y marearte más.

Por qué me da si no hay ningún peligro
Después de la primera crisis uno queda con la antena prendida a los latidos. Se revisa el pulso a cada rato, se pregunta si el corazón está raro, evita el lugar donde le pasó. Esa vigilancia es la que mantiene el problema: entre más atento estás a las sensaciones del cuerpo, más las detectas y más las interpretas como señal de algo grave.
También hay cosas del día a día que empujan. Dormir mal, tomar mucho café o bebidas energizantes, fumar, el alcohol de la noche anterior, el encierro, un trabajo con presión y sin descanso. En consulta pregunto por eso desde la primera sesión, porque hay crisis que bajan mucho con solo ajustar el café y el sueño.
Y hay otra parte que se aprende: la forma en que interpretas lo que sientes. Pasar de "me está dando un infarto" a "es mi alarma de ansiedad otra vez" cambia la respuesta del cuerpo. Ese cambio se trabaja en terapia cognitivo conductual, con registro de pensamientos, exposición a las sensaciones que evitas y tareas pequeñas entre sesión y sesión.
Qué reviso en consulta y cuándo ir a urgencias
En la primera consulta hago historia clínica: cuándo empezó, qué pasaba en tu vida en ese entonces, cada cuánto te da, qué sientes exactamente, qué evitas desde la primera crisis, cómo duermes, qué tomas y si hay antecedentes en la familia. También pregunto por tiroides, anemia, problemas del corazón o medicamentos que puedan parecerse, y en varios casos pido que lo descarte tu médico familiar.
Hay señales que piden ir a urgencias. Si el dolor de pecho es fuerte y no cede con el reposo, si te desmayas, si te falta el aire estando sentado y tranquilo, si el pulso va muy rápido y no baja, o si sientes que el brazo o la cara se adormecen, ve a urgencias o llama al 911. No te quedes con la duda de "será ansiedad". En la crisis también es momento de pedir ayuda inmediata si aparecen pensamientos de hacerte daño.
Cuando ya hay crisis repetidas, miedo a que vuelvan y tu vida se va achicando por evitarlas, conviene revisarlo con un especialista. Yo atiendo en Apodaca y también en línea, y trabajo la ansiedad con terapia cognitivo conductual; la hipnosis la uso con algunos pacientes dentro del tratamiento para bajar la tensión y practicar con calma, nunca como sustituto del trabajo de la terapia. Si hace falta medicamento, eso lo valora un psiquiatra junto contigo; yo no lo receto.
Otras preguntas
¿Un ataque de ansiedad puede matarme?
No. La descarga de adrenalina es muy incómoda y asusta, pero no daña el corazón ni el cerebro de una persona sana. Si hay dolor de pecho fuerte que no cede o te desmayas, eso sí se revisa en urgencias para descartar otra cosa.
¿Sirve respirar dentro de una bolsa de papel?
Hoy no se recomienda. Puede subir el bióxido de carbono y marearte más. Es mejor exhalar despacio, más largo que la inhalación, y buscar un espacio con aire.
¿La ansiedad se quita sola?
Puede bajar por temporadas, sobre todo si cambias sueño, café y cargas de trabajo. Cuando las crisis se repiten y empiezas a evitar lugares, suele quedarse y crecer, y ahí conviene tratamiento.
¿Necesito medicamento?
No siempre. La terapia cognitivo conductual puede ser suficiente en muchos casos. Cuando los síntomas interfieren mucho con el sueño, el trabajo o la escuela, vale la pena que un psiquiatra lo valore contigo.
Información general para pacientes. No sustituye una consulta médica. En una emergencia llama al 911.
